Tuesday, February 02, 2010

La muerte y sus metáforas

La muerte y sus símbolos

(Muerte, tecnocracia y posmodernidad)

Editorial Universidad de Antioquia

Colección Otraparte. Tercera edición 2008

Páginas 218

El más reciente libro del medico Orlando Mejía Rivera La muerte y sus Símbolos (Muerte, tecnocracia y modernidad), hace parte de esos tratados serios, nada especulativos a los que son proclives esta clase de temas. Todo lo contrario el médico Mejía Rivera hace una conjunción de lo que es el tratamiento de la enfermedad y las atenciones del cuidado, hasta su estado terminal y su distintas variantes que ha tenido el concepto de la muerte en los diferentes estadios desde la aparición del hombre en la tierra.

El presente ensayo lo ha desarrollado acogiéndose a la propuesta de Phippe Ariés, cuyo criterio estructuralista y de periodización de las etapas históricas de la muerte se han originado en el concepto de una conciencia de la muerte nacida de la creencia de que existe una mentalidad común surgida del inconsciente colectivo de cada sociedad. Para Ariés, las etapas por las que ha pasado la concepción de la muerte en la cultura occidental son cuatro:

La muerte nómada (Edad Media), en este periodo la muerte súbita es considerada una intromisión del demonio. La muerte propia (renacimiento). El consejo Socrático-platónico de que filosofar es meditar sobre la muerte fue seguido por la mayoría de los humanistas del renacimiento. La muerte ajena (Siglos XVII y XVIII). Las personas dejan de asumir con valentía el pensamiento de su muerte y comienzan a tener miedo a morir.

La Muerte invertida o prohibida (sigloXX). La muerte es escondida de la conciencia cultural de la modernidad. La represión de la muerte se traduce en la negación cultural de los moribundos y en el rechazo a pensar en la muerte como algo significativo para la vida.

Aquí es bueno recordar otro importante libro La enfermedad y sus metáforas de la escritora norteamericana Susang Sontag (1933-2004) en dos sendos ensayos indaga sobre dos enfermedades calificadas por el hombre del siglo XX como vergonzantes, el cáncer y el sida y cómo se le ha metaforizado para mal el tratamiento de estas dos enfermedades y su incidencia en el entorno social. O el libro del medico holandés Bert Keizer (1947- ) Danzando con la muerte. El autor defiende una confrontación consciente con la muerte, un trato humano con los afectados, y recomienda que los médicos abandonen su papel autocomplaciente. Libros que darían un aporte más al amplio espectro bibliográfico del presente libro.

Decíamos que el cuerpo metodológico es el que sugiere Phippe Ariés para su libro La muerte y sus Símbolos. Mejía Rivera nos pone de presente todos los adelantos científicos en procura de la conservación de la vida llegando a puntos delirantes de teorías científicas de la vida eterna. En este anhelo de preservación y mejoramiento de la especie se han logrado hallazgos como la inseminación invitro para el encuentro de seres humanos desarrollados por predisposición genética, lo mismo que las clonaciones que tanta discusión malintencionada a despertado en núcleos sociales retardatarios, sobre todo desde la ultraderecha del clero. O la muerte voluntaria como el caso de la eutanasia y el suicidio.

Otro aspecto que deja claro el presente ensayo es que los entes prestadores de salud, con ese depósito de tecnología médica de la que disponen son grandes “torturadores” de los pacientes ricos, porque su misión es preservarles la vida en función del dinero.

Un interesante libro con valiosas fuentes argumentativas que vinen de la ciencia como también del mundo del arte, especialmente de la literatura, que proponen profundas reflexiones ontológicas en manos de destacados filósofos y humanistas que supieron registrar el efímero paso del hombre en escritores tan autorizados como Nircea Eliade, León Tolstoy, Milan Kundera, Octavio Paz entre otros quienes se han ocupado con rigor sobre el tema de la muerte.

Tuesday, January 19, 2010

Indomable leonés

Por Julio Mario Alvear

El corto verano de la anarquía
Hans Magnus Enzensberger
Compactos Anagrama
Bogotá, 2007
104 páginas


Cuando Hans Magnus Enzensberger (Baviera, Alemania, 1929 - ) se propuso rehacer la historia del anarquista español Buenaventura Durruti, supo que debía hacerlo
con la urgencia de un tiempo en que hallara testimonios orales -los más importantes dada la dimensión del protagonista de la historia-, por cuanto no era un soldado de las huestes oficiales sino un militante de reivindicaciones obreras, donde estaban sus raíces. Por tal razón, la historia de este liberto quedaría en el olvido, acaso un pie de página de la historia oficial, cosa que ocurre con frecuencia con líderes que siempre se negaron a conformar estructuras parecidas a las que detenta el poder, llámense partidos, sindicatos patronales, etc. De allí que pasen inadvertidos por los amanuenses del establecimiento. Este hijo de obrero ferroviario, nacido en León en 1896, fue acusado de una serie de episodios insólitos siendo financista en la ciudad de Aragón y líder, a su vez, de los comandos de pistoleros blancos.
Más tarde, Durruti huiría a la Argentina y a Chile, donde perpetraría una serie de asaltos, junto a otros anarquistas, para reunir recursos con el ánimo de liberar a los compañeros que se encontraban en las cárceles españolas. Tuvo la suerte de que otro libertario reconstruyera su periplo. Abel Paz (Diego Camacho), hace una revisión de la vida del dirigente anarquista en algo más de 700 páginas: su actividad revolucionaria y la leyenda que le rodeó tanto en vida como en su oscura muerte. Para escribir sobre Durruti, Paz necesitó más de veinte años de investigación en bibliotecas, hemerotecas y archivos. También pudo entrevistar a sus familiares y allegados. Nacido en Almería, Diego Camacho muere el 13 de abril de 2009, a la edad de 87 años.
Enzensberger rastreó y se despojó del prurito de escritor, pues “para escribir la historia de Durruti, el escritor tiene que renegar de su condición de narrador. En definitiva, su renuncia a la ficción oculta también el lamento de no saber nada sobre Durruti, de comprender que de la novela prohibida sólo queda el vago eco de conversaciones en un café español”.
Nada más alucinante para un colombiano que poder leer al menos sobre los funerales de un anarquista, por cuanto a este país lo viene ahorcando la mano negra de la derecha así como la de aquella endeble y estática izquierda contemporánea. Nunca fuimos testigos de este tipo de rituales con los que se abre esta novela collage:
A las diez y media el ataúd de Durruti, cubierto con una bandera rojinegra, salió de la casa de los anarquistas llevado en hombros por los milicianos de su columna. Las masas dieron el último saludo con el puño en alto. Entonaron el himno anarquista. No, no eran las exequias de un rey, era un sepelio organizado por el pueblo. Nadie daba órdenes, todo ocurría espontáneamente. Reinaba lo imprevisible. Era simplemente un funeral anarquista, y allí residía su majestad. Tenía aspectos extravagantes, pero en ningún momento perdía su grandeza extraña y lúgubre.
Dado que El corto verano de la anarquía es una novela de carácter fragmentario, Enzensberger tuvo especial cuidado en que el texto tuviera unidad dramática, para que los lectores la entendieran como una novela histórica o de testimonio. Digamos que la manera en que fue escrita, molesta el criterio de los académicos en la concepción estética de esta historia. En principio, el concepto tradicional de novela queda lejos del trabajo realizado por Enzensberger. Miremos el cuerpo de la novela:
Prólogo: Los Funerales. Primer comentario: La historia como ficción colectiva. Balas perdidas. Segundo Comentario: Orígenes del anarquismo español. Los solidarios. Tercer Comentario: El dilema español (1917-1931) El exilio. Cuarto Comentario: El dilema español (1931-1936): La República. La victoria. La dualidad de los poderes. La campaña militar. La retaguardia. Los campesinos. Quinto comentario. Las milicias. Sexto Comentario: El declinar de los anarquistas. La defensa de Madrid. Séptimo Comentario: El héroe. La muerte. Octavo Comentario: La revolución envejece. Epílogo: La posteridad. Este andamiaje de la novela es el cuerpo histórico-utópico-libertario de Buenaventura Durruti. La idea no era fabular sobre un hombre de acción, Durruti no fue un teórico del anarquismo sino su portavoz, especialmente de las ideas que venían de Bakunin, al igual que de la idea propagada por Kropotkin acerca de un paraíso terrenal sin dinero, donde, gracias a la abundancia de recursos, todos y cada uno eran capaces de sacar libremente del ‘montón’. Estas ideas las implementó Durruti en la CNT (Central Nacional de Trabajadores) con la idea perenne de “comunas libres”. Enzensberger se inventa un maderamen en el que mezcla reportajes, discursos, entrevistas, proclamas, cartas, relatos de viajes, anécdotas, octavillas, polémicas, noticias periodísticas, carteles y folletos propagandísticos. La costura de todo este rompecabezas se da mediante el ingenio en la narración. Empleando la paradoja ha llamado novela este testimonio sobre un hombre pragmático, a quien se le encontraron, después de su muerte, dos pistolas, unos prismáticos y unas gafas de sol.
Se trata de una obra escrita a muchas voces, desde múltiples perspectivas, con innumerables fragmentos tomados de los contemporáneos del líder, seguidores que lo admiraron y alguno que otro adversario, testigos españoles de primera mano. Tenemos ocasión de leer en estas páginas a su compañera francesa, y sobre todo, escuchamos algunas de las palabras políticas más reveladoras del propio Durruti, en diferentes versiones de sus discursos más encendidos. Como contrapunto antirromántico, enfriador, encontramos los “comentarios” –en una suerte de distanciamiento, a la manera del teatro de Brecht– donde Enzensberger interviene como narrador de su propio y divergente collage biográfico.
Finalmente, se nos ofrece en esta novela aquella fugacidad que tuvo tal ejercito de resistencia, odiado junto con los gitanos por ciertos novelistas de la posguerra, caso de Ernest Hemingway, y que ofrece diversas versiones sobre aquel personaje capital, lleno de episodios penumbrosos y miles de mitos construidos alrededor de su muerte. Libro que abraza la figura y el sueño libertario de Durruti, un hombre de acción y amante de la utopía anarquista.

Tuesday, March 20, 2007

DÓNDE ESTARÁ LA MELODÍA O UN RECORRIDO POR LA MUSICALIDAD DE LA NOSTALGIA



Por Darío Arguello Garnica


Para empezar, ahora que estamos entre amigos, permítame algunas infidencias nacidas sin duda del lado bueno del recuerdo. Déjenme transportarme y ubicarme en el tiempo de mediados de los años 70 y en el espacio de esta capital de todos y de esa ciudad del norte del Tolima por la que estamos congregados. En aquel entonces, para nosotros, era el intento de hacernos a la academia en universidades públicas de Bogotá, provenientes de distintas vertientes de provincia. Allí nos conocimos. Para todos, eran los momentos de una historia nacional y latinoamericana signada por la lucha política donde se entreveraban de la mejor manera los discursos trascendentales, las ideologías de vanguardia, las mentiras del poder de turno, las armas de verdad, el amor libertario, los libros cumpliendo su mejor papel, la música y su surtidor desde el Caribe hasta punta sur, pasando por la pampa y por los Andes...En fin, era la vida fluyendo, la esperanza rondándonos y el futuro mejor a la vista de todos.


Así, en aras del amor y de una amistad sin reveses, me involucré en un costante ir y venir de la ciudad de todos a esa región tolimense donde aprendí de una tradición de más de un siglo de hombres y mujeres haciendo de la palabra la mejor razón de ser, bien desde lo puramente intelectual, lo periodístico, lo filosófico o lo creativo a través de la poesía o de la narrativa, la literatura. Sí, fue la literatura el motivo por el que habrían de definirse y de decidirse nuestras expectativas, nuestras voces.


Pero decir "nosotros" es indicar un plural de sueños que, una vez superada la formación académica, se fueron desplegando por los años 80 y 90, construyendo cada uno su verdad en la opción asumida por y para la palabra escrita, bien desde la misma enseñanza académica, el taller literario, la promoción cultural, la creación, la publicación, o todas juntas.


Y de ese caudal de sueños de entonces, me detengo en la vedad de una voz de hoy, la de Celedonio Orjuela Duarte, "Chelo" para sus amigos, quien fiel a esos propósitos e intentos iniciales, y luego de transcurrir por mas de 20 años en la enseñanza, los talleres de escritores, la dirección de la Casa de la Cultura del Líbano, la organización de concursos nacionales de cuento y poesía, la actividad como jurado de otros concursos, las varias revistas, sus varios artículos periodísticos sobre litaratura y su "pre-texto" de un restaurante con nombre literario para promover música y afectos poéticos, hoy, después de tres libros: Precario Equilibrio, Visiones, y Presencias, en los que evidenció con creces dónde está su calidad y capacidad como poeta y ensayista, nos entrega su primera novela, Dónde estará la melodía, correspondiente al 5 volumen de un empeño cultural y ejemplar llamado Biblioteca libanense de cultura.


Y es precisamente en los 27 capitulos que conforman las 132 páginas narradas de Dónde estará la melodía, donde encontramos, entre otros muchos aciertos, no sólo claves literarias de aquellas infidencias del comienzo, sino la verdadera representación estética de una época, de una generación y de una ciudad como Bogotá, transcurrida en una prosa cuyos componentes narrativos, de un lado, conservan de la mejor manera ese particular contexto citadino de aquel entonces, mientras de otro constituyen un buen ejemplo de las tendencias escriturales de los tiempos de ahora.


De esa forma, ninguna oportunidad mejor que Dónde estará la melodía para adentranos en la trama de una novela que nos hace partícipes de los ecos del mundo y de unos personajes, hombres y mujeres, en lo que se entreteje esa especie de nostalgia histórica que de un solo trago conlleva ideales políticos, frustraciones individuales, bohemia y música; sobre todo música, en retazos de canciones de los mejores soneros y rumberos de las últimas épocas, o en la referencia obligada a los grandes cantores. Con Federico, Leonardo, el indio boliviano, o con la Vasca, Maé, Mónica, participamos del ejercicio de exorcizar, en el desacralizador sentido de la palabra, los espectros de una porción de vida y de ciudad que a muchos nos identifica. Con ellos, bien podemos ir, entre melodía y recuerdo, desde el bar "El Antifaz", con la paz o el arrebato de sus alcoholes o sus bailes alocados, hasta la guerra de vedad entre nosotros o en un país de Centroamérica con nombre de santo salvador, transcurriendo, entre la ironía, los atisbos eróticos y la nostalgia, por espacios urbanos donde el deterioro suele ser el denominador común: la cotidianidad enfermiza de los hospitales, los apartamentos e inqulinatos y el amanecer de su desorden, la soledad cercana a la locura en una cárcel cualquiera, la noche callejera de las prostitutas, los lugares de romería asistidos por hombres y mujeres echando mano de su última fe. Todos inmersos en fragmentos y en referencias musicales que desde el propio título de la novela advierten que la melodía va por dentro y la canción los identifica.


Motivo, entonces, el de esta primera novela de Celedonio, para confirmar la vigencia e esa tradición de calidad intelectual y literaria de los escritores dl Líbano, aportándole a la litaratura colombiana de este y de futuros tiempos, en la seguridad de que vendrán otras obras suyas de primer orden. Entre tanto, prometámonos la dicha de acerarnos a Dónde estará la melodía, una obra cuya primera lectura ha suscitado, en mi caso, estos recuentos, apreciaciones y nostalgias, pero que, como narración en la que predominan plenamente los valores que permiten diferentes abordajes interpretativos, queda a disposición de múltiples y ricas lecturas, como las que vendrán a partir de esta fecha feliz de su lanzamiento.